sábado, 1 de noviembre de 2014

Viendo a la musa ( Soneto isabelino )



Viendo a la musa ( Soneto isabelino )
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Mi musa es una ingrávida amazona
que caza por placer y alevosía,
conspira con la luna que se asoma
y es la felina sombra que me espìa.

Danza con plenitud entre los versos,
dìscola y muy radiante se le ve
mover entre mis venas universos,
¡danza otra vez hermosa Salomè!

Es voluptuosa, lùdica y siniestra,
una tormenta interna desbordada,
esa vestal que pone en la palestra

a la lira de mi alma acorralada.
Y aunque sus ìgneos pasos parten ya
vendrà despuès por mì....sè que vendrá.


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Mardy Mesén R.
San José, Costa Rica.
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Cerca de la fuente ( Costumbrismo Chic )



Cerca de la fuente ( Costumbrismo Chic )
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Cerca de la fuente, ves entre las moras
un trino diamante de vuelo vital,
sus alas son rojas, sus plumas, coral,
son perlas al viento sus notas sonoras.

De tinte frambuesa se tiñen auroras
y las nubes rozan el rojo moral,
la lira invisible del joven turpial
es libre en su vuelo como las esporas.

El pájaro sueña en la verde rama,
refleja en el agua su brillo rubí
y la rosa estrena sus labios de seda.

Hay un manto de oro sobre la retama
por el sol en fuga que se esconde ahí,
y un céfiro danza por la rosaleda.
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Mardy Mesén R.
San José, Costa Rica.
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Aquella tarde ( Sextina Provenzal )


Aquella tarde ( Sextina Provenzal )
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Eran paraje idílico tus manos,
dos palomas en vuelo tras mi sombra
con su lenguaje trémulo y de sueño.
Un ave migratoria era la tarde,
en la purpúrea estela de la vida,
que nos dejó su luz cimera y breve.

La flecha de tus labios, rauda y breve,
inclinada a la forma de mis manos,
me besó hasta arrancarme de la vida;
bajo tu inquieta piel sentí mi sombra
mimetizar al plomo de esa tarde
desde un verano etéreo como un sueño.

El himno del crepúsculo fue un sueño
y nuestra floración dorada y breve
como los lampos quietos de la tarde.
La ofrenda de tu amor trenzó mis manos
en ese instante prófugo de sombra
y un arpón de ilusión se ató a mi vida.

Dos fatigadas almas y la vida,
en el lívido encaje de ese sueño,
besaban al unísono la sombra
de su esplendor febril desnudo y breve;
igual que se desliza entre las manos
el agua, se perdió también la tarde.

Languidece, de octubre, ya la tarde,
y esperando a la vuelta está la vida,
hoy mis manos estrechan otras manos
y aquel púber placer duerme en un sueño.
El sol en blondo brillo es casi breve
y mis pasos declinan tras su sombra.

No hay un olvido aún para tu sombra
en la piel del recuerdo y de la tarde,
mientras cierro los ojos siento el breve
placer que estremeció mi alma y mi vida.
Pudiera ser tan solo el dulce sueño
que hoy se escapó del tiempo hasta mis manos.

Con mis manos estrecho aquella sombra
cuando vuelve del sueño hasta la tarde
y a mi vida se enlaza dulce y breve.
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Mardy Mesén R.
San José, Costa Rica.
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Soñar ( Soneto de Peletier )


Soñar ( Soneto de Peletier )
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Soñar es una noria incandescente,
es palpar toda luz con la mirada,
desairar a la espina desolada
para besar la rosa grácilmente.

Es el funambulismo de la mente,
crisálida que vuelve en forma alada,
una gota optimista y pronunciada
que se abisma al abrazo de la fuente.

Y en la noche la idea vigorosa
muta su piel en hábito de rosa
como estrella infinita del espacio.

Hasta el ignoto altar de lo imposible,
con su halo refulgente de topacio,
hay un sueño despierto….imperceptible.
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Mardy Mesén R.
San José, Costa Rica.
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El Fantasma de Canterfool



El Fantasma de Canterfool
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Fue por el mes de octubre, no lo olvido,
tendría ya mi suegra casi un año
de despertar gritando a media noche
tras ver oscuras sombras por el cuarto.

Era un fantasma ocioso y embustero,
gustaba de fumar mucho tabaco,
corría por los pasillos en puntillas
y por las escaleras daba saltos.

Prendía el televisor de madrugada
y alteraba del baño el termostato,
también robaba plata que sin duda
gastaba en un astral supermercado.

Mi suegra estaba harta de este ente
y un exorcismo fue lo que acordaron
los brujos que en la sala discutían
y que venían muy bien recomendados.

Empezó la sesión espiritista,
y el espectro jugaba con los cuadros,
las velas se apagaban y encendían
y flotaba en la estancia un humo extraño.

Una mujer en trance, poseída,
movía en forma frenética sus brazos,
empezó a hablar con voz desconocida
y sus ojos tornaron hasta el blanco.

Tengo una condición- dijo el espectro,
tomando a la mujer por emisario,
solo dejo esta casa si me adjuntan
unos cuantos millones en el Banco.

El número de cuenta es: ochocientos
mil novecientos dos, ochenta y cuatro,
a nombre de Jacinto López Méndez
quien será mi albacea mientras tanto.

¡Está bien, está bien!- dijo mi suegra,
y en una libretilla iba apuntando
los datos de ultratumba que, sin duda,
iba dejando el ente con descaro.

Pasados los detalles perniciosos
con un café y con viandas celebraron,
y en la primera hora al otro día
todos los requisitos se adjuntaron.

La paz unos millones los valía,
nadie puede vivir con un espanto,
lo malo fue que al mes de la epopeya
se devolvió el difunto con escándalo.

Al muerto lo estafaron, ¡eso fue!,
no le dieron la plata de aquel trato,
su furia es tan intensa que esta vez
hasta platos y ollas van volando.

Se viene otro exorcismo, ya lo sé,
otra jugosa oferta de su agrado,
los brujos prometieron esta vez
que saldrá hacia el infierno disparado.

Ser un cazafantasmas está bien,
se le ayuda a la gente sin reparo,
no se va hasta el averno solo a pie
¡ellos vienen en Lexus y en Camaro!
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Mardy Mesén R.
San José, Costa Rica.
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Gasparina



Gasparina

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Soñé que era un fantasma bondadoso
saltando todo el día por el prado,
un níveo gasparín iluminado,
¡qué sueño tan bonito y tan hermoso!

Y es que ser invisible es delicioso,
pasar inadvertido en todo lado,
tocar a los más guapos sin cuidado
y luego ver su gesto tan nervioso.

Puedo volar sin alas cual albatros,
comer sin preocuparme de engordar
y asustar en las fiestas y en los teatros.

¡Qué forma tan feliz de jubilarme!,
no tengo muchas cuentas por pagar…
y sé que no vendrá nadie a cobrarme.
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Mardy Mesén R.
San José, Costa Rica.
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Me queda


Me queda
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Me queda
la estricta longitud de la calle
para gritar augurios,
el arco de la voz
para lanzar un verso,
y un hueco de preguntas
que se ha llenado de muertos.

Me queda la fórmula homicida:
“miseria más indiferencia, igual miedo”…
locura más impunidad como un jinete apocalíptico…
un Armagedón entre los valles y los pueblos,
esa lluvia ácida
que toma al verde bulbo
y a la rosa incipiente
por almuerzo.
Me queda un fantasma
infectado de olvido,
mil veces moribundo
jugando a la rayuela
en los pabellones ausentes,
en las aulas siniestras.
Me queda el espanto disecado
en los ojos de las madres,
un frío como alfombra
en esta jaula de asfalto sin esperanza,
este virus de sangre
que salpica los ojos del huérfano,
que devora a la novia,
al hermano,
al hijo,
y se lleva hasta su cueva
esa desgracia fresca robada a los umbrales,
mientras la tierra abriga,
como tristes raíces,
los huesos de los hombres,
sus sueños e ideales.
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Mardy Mesén R.
San José, Costa Rica.
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